miércoles, 3 de enero de 2018

Garabateando: Rosa Montero

En este nuevo enfoque que queremos dar al blog para dejar las efemérides como un círculo cerrado en el 2017 (renovarse o morir) pretendemos -como ya habrán ido viendo- crear una sección diaria. Y quisiera estrenar ésta con una escritora querida y admirada por quien esto escribe por su trayectoria personal y humana: Rosa Montero.
Y le dedico esta sección que comienza en este día (cuando ha protagonizado tantas páginas de este blog), por ser en el que naciera en 1951. Por tanto, fecha de su cumpleaños.
Desde finales de 1976 trabaja para el diario El País, en el que fue redactora jefa del suplemento dominical durante 1980-1981, y lleva la columna semanal "Maneras de vivir".
Comentadas por mí, tras su lectura, están las novelas: Amado Amo (1988), El corazón del tártaro (2001), La hija del canibal (2003), Historia del Rey Transparente (2005),  Instrucciones para salvar el mundo (2008),  Lágrimas en la lluvia (2011),  La ridícula idea de no volver a verte (2013) y  El peso del corazón (2015), y en muchas de ellas conservo su dedicatoria manuscrita. Actualmente está en la promoción de "La carne" (2016), obra sobre el paso del tiempo y la necesidad de amor, físico también, pasados los 60. Creo que en ella subyace, como en muchas de sus obras, el temor al terrible peso de la soledad.
Que se vea a simple vista, tiene tatuadas una bandada de pájaros en el brazo izquierdo y una salamandra en el derecho, un aire de niña terrible en el brillo de su mirada, su sonrisa franca y su inimitable modo de vestir tan personal, tan libre, tan sin modas, tan como ella es y tan como escribe.
Una perrita entre sus brazos en la Feria del libro de Madrid de 2016 y una afirmación rotunda en la del 2017: "nada de la RAE, no quiero saber más".


Y es que en esa cita obligada para poder estrecharle las manos y verla de cerca (seguirla ya lo hago en sus Twitter y Facebook, red en la que un 'me gusta' acompaña a cualquiera que comente, y hasta una respuesta personal que retrata lo que le llega al corazón y muestra lo que tantos no hacen: es ella misma la que lleva esa que llama 'su ciudad', próxima a los 120.000 habitantes. Me encanta cómo sabe compartir y dar belleza a la vista desde esas frías ventanas de hotel y su casi frenética actividad),  y el que siempre haya en esa cita un espacio y un tiempo para contestar a mis preguntas y unas cariñosas palabras que volcar en su dedicatoria.
Me quejé de que no la quisieran como académica de la lengua, cuando tanto aire fresco - y sabiduría- podría aportar, y con un cierto aire de "qué-se-le-va-a-hacer" y una mueca entre despectiva y triste, me respondió que ya no iba a optar más a ello. "Ellos se lo pierden" le respondí, y volvió a aparecer su faz risueña, optimista, viva. La verdad es que todos lo perdemos.
Me regaló una de sus obras en mi cumpleaños y dejó -ya la tenía- una impronta en mi corazón que nunca dejará de existir mientras yo exista.
Quisiera poder decir que lo he leído todo de ella y creo que sería del todo falso porque cuando empecé a seguirla más de cerca con 'La loca de la casa', 2003 (ya la había conocido con 'Te trataré como a una reina', 1983), comprobé la imposibilidad de poder abarcar todo lo que da de sí su fecundidad periodística a través de sus entrevistas (que me encantan), sus biografías (que me fascinan) y sus artículos (que transmiten energía y vida), pero lo he intentado y sigo en ello.
Admiro a Rosa Montero -sé que se nota y quiero que se note :)-, y disfruto cualquier reconocimiento a su figura, como el Premio Nacional de Literatura. Sin pertenecer a ninguno de sus círculos cercanos, pero más cercana seguro que muchos, aquí me tiene y me tendrá mientras ella quiera.
¡Feliz cumpleaños!
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